Revolución #102, 23 de septiembre de 2007

voz del partido comunista revolucionario, eu

Esta página se usa para imprimir rápidamente todo un número, y es posible que unos enlaces no funcionen y algunas imágenes no aparezcan. En el permalink del artículo encontrarás esos enlaces e imágenes.

En revcom.us encontrarán las noticias de las manifestaciones del 20 de septiembre en defensa de los 6 de Jena

Este número de Revolucion estará a la venta durante dos semanas. El próximo número (#103) se publicará la semana del 1° de octubre. La edición imprenta no se publicará en la semana que viene, pero en revcom.us encontrarán las últimas noticias de las manifestaciones del 20 de septiembre por todo el páis de “Libertad para los 6 de Jena”. Revcom.us tendrá un informe inicial el viernes, 21 de septiembre, y un informe más completo el lunes 24.


Revolución #102, 23 de septiembre de 2007


Número actual  |   Números Anteriores  |   Bob Avakian  |   PCR  |   Temas  |   Comunícate
¡Dona a la campaña para recaudar $500,000!
Noticias y recursos de la campaña para recaudar fondos

Tribunal de apelaciones descarta condena de Mychal Bell…

¡SIGUE LA LUCHA PARA LIBERAR A LOS 6 DE JENA!

El viernes 14 de septiembre, el Tribunal de Apelaciones del Tercer Circuito de Louisiana descartó la condena de Mychal Bell por lesiones agravadas en segundo grado. En respuesta a una apelación de urgencia de los abogados defensores de Bell, el tribunal falló que lo habían juzgado indebidamente como adulto.

Sin embargo, al cierre de esta edición, Mychal Bell sigue en la cárcel y TODAVÍA está bajo la amenaza de que continúe la acción judicial. Además, los otros cinco jóvenes negros de los 6 de Jena siguen enfrentando cargos por los que los podrían meter presos por años. La decisión del tribunal, de que no deberían haber juzgado a Mychal Bell como adulto, no se extiende a cuatro de los acusados. ¡TODO MUNDO TIENE QUE IR A JENA EL 20 DE SEPTIEMBRE PARA DEMANDAR QUE PONGAN EN LIBERTAD A LOS TODOS LOS 6 DE JENA!

La revocación de la condena de Bell es una importante victoria para el pueblo. No se hubiera dado sin la valiente postura de la gente de Jena y el creciente movimiento político por todo el país para liberar a los 6 de Jena. ESO MUESTRA EL PODER DEL PUEBLO. PERO LA LUCHA PARA LIBERAR A LOS 6 DE JENA DISTA MUCHO DE HABER TERMINADO.

Un artículo del Jena Times cita al fiscal Reed Walters, que dijo: "Le pediré a la Suprema Corte de Louisiana que examine la decisión del tribunal de apelaciones". Continúa el artículo: "Bell permanecerá en la cárcel hasta que la Suprema Corte aclare el asunto. Si la Suprema Corte está de acuerdo con el tribunal de apelaciones, Walters podría juzgar a Bell en el tribunal de adultos por lesiones agravadas en segundo grado, como lo acusaron al comienzo, o podría acusarlo de una multitud de cargos en el tribunal de menores, entre ellos el de lesiones agravadas en segundo grado".

El equipo defensor de Bell propone ir ante el tribunal del distrito 28 el 17 de septiembre. El abogado Louis Scott dijo: "No sabemos qué va a ser la posición de la procuraduría: si volverá a entablar los cargos o si habrá otra audiencia de fianza".

Muchos planean ir a Jena el 20 de septiembre para participar en un enorme mitin de apoyo a los 6 de Jena. Y ahora es aun más importante que miles de personas, de todas partes del país VAYAN EN CAMIONES A JENA EL 20 DE SEPTIEMBRE PARA HACER UNA PODEROSA Y MÁS RESULTA DECLARACIÓN: ¡NO ESTAREMOS SATISFECHOS Y NO DEJAREMOS DE LUCHAR HASTA QUE retiren los cargos CONTRA TODOS LOS 6 DE JENA Y HASTA QUE TODOS ESTÉN LIBRES!

 

 

Envíenos sus comentarios.

Revolución #102, 23 de septiembre de 2007


Número actual  |   Números Anteriores  |   Bob Avakian  |   PCR  |   Temas  |   Comunícate
¡Dona a la campaña para recaudar $500,000!
Noticias y recursos de la campaña para recaudar fondos

Jena… La hora que es…

Mucho en juego en la lucha de libertad para los 6 de Jena

¡Envíennos informes sobre las manifestaciones en defensa de los 6 de Jena!

Los lectores de Revolución que participaron en las protestas del 12 y 20 de septiembre por todo el país deben enviarnos cartas sobre lo que sucedió. ¡No debe haber protestas secretas!

Manden correos electrónicos a rcppubs@hotmail.como cartas a RCP Publications, PO Box 3486, Merchandise Mart, Chicago, IL 60654.

Jena, Louisiana, chilla sobre la hora que es en Estados Unidos y adónde van las cosas.

Piénsalo: dogales colgados de un árbol. Un árbol “solo para blancos” en el patio de una escuela sureña. ¡En el 2006!

Después de que docenas de estudiantes negros valientes se paran debajo del árbol en protesta, el fiscal amenaza con arruinarles la vida “de un plumazo” si se quejan.

Después de meses de conflictos entre los estudiantes negros y blancos, instigados principalmente por los blancos, seis jóvenes negros podrían ir al penal por décadas.

El gobierno federal interviene y dice que todo eso es “normal”.

Pero piensa también en la respuesta a todo eso: una oleada de protesta contra todo eso en todas partes del país. Miles de personas ya se han movilizado para protestar: han hecho correr la voz por la radio y la internet, han organizado protestas en las universidades y el centro, han recaudado fondos para la defensa y han contratado camiones en muchas partes para ir a Jena.

Todo eso demuestra cómo se puede poner alto a la injusticia en Jena y poner en marcha una dinámica completamente diferente en la sociedad.

¿Qué hora es en Estados Unidos?

Miremos el panorama.

Las masas negras están atrapadas en extrema pobreza, trabajando cuando pueden en trabajos de salario mínimo, con educación, servicios médicos y vivienda en decaimiento. Para muchos jóvenes, hay un futuro de cárcel o muerte a una edad temprana.

Mira lo que ha sucedido en los últimos años.

Hace dos años el sistema abandonó en Nueva Orleáns a decenas de miles de personas pobres y negras cuando azotó el huracán Katrina. El mundo entero se quedó asombrado y espantado al ver a la gente atrapada sin alimentos o agua, muchos atrapados como presos en el Superdome, y luego evacuados sin manera de regresar a sus hogares. Vimos la represión de gente de todas las nacionalidades y capas sociales que fueron a ayudar y le pidieron al sistema que ayudara. En la “reconstrucción” de Nueva Orleáns, vemos el desdén que el sistema tiene por una ciudad que es la fuente de un tesoro de música y cultura afroamericanas. Vemos que el sistema sigue abandonando a la gente de Nueva Orleáns.

Todo eso arroja luz sobre el plan que el sistema tiene para el pueblo negro.

Mira la epidemia de brutalidad y asesinatos policiales. En Nueva York, la policía mató a Sean Bell el día de su boda. Ese asesinato y las protestas que lo siguieron rompieron el silencio sobre los asesinatos policiales desde el 11 de septiembre y dio la alarma sobre muchos casos parecidos. ¿Pero dónde está la justicia?

Se supone que hace 50 años la Suprema Corte anuló la segregación escolar, lo cual resultó en un “sueño postergado”. Este año, la Suprema Corte de hecho revocó esa decisión. La corte prohibió que el gobierno hiciera cumplir medidas para eliminar el confinamiento de los niños afroamericanos en escuelas segregadas, inferiores o que parecen cárceles. Otra promesa traicionada.

Un informe de la Unión de Derechos Civiles de Nueva York denunció la brutalidad policial generalizada en las prepas de Nueva York, con agresiones, insultos y arrestos no justificados, así como arrestos de maestros y directores que se atreven a defender a sus alumnos.

Para dar una idea de cómo está la situación y hacia dónde va: en 1954 había 98,000 negros en la cárcel; ¡50 años después, en el 2004, la cantidad de presos era 910,000! Casi 10 veces más. Ese es el “progreso” del sistema. Ese es el futuro que promete. Esa es la “respuesta” que este sistema tiene al problema de siglos de opresión que ha creado y que refuerza constantemente.

No hay futuro en este sistema

El sistema de Estados Unidos es capitalista-imperialista. Ese hecho fundamental y salvaje establece los parámetros de la vida de los negros de este país. Para entender cómo y por qué es y ha sido así hasta hoy, lean los pasajes de la serie La opresión de los negros y la lucha revolucionaria para acabar con toda la opresión de Bob Avakian en este número.

Hoy, el capitalismo ha trasladado su industria pesada a los suburbios y a otros países. Los jóvenes negros de las ciudades quieren trabajar: hace poco 3,000 personas, casi todos negros, se presentaron en Newark para solicitar trabajo de conserjes, limpieza, servicios alimenticios y seguridad.

Pero para los capitalistas, la juventud negra es “demasiado rebelde”. En las últimas décadas han dejado que las escuelas urbanas se deterioren y que el narcotráfico florezca. Han creado una dinámica en la que la única alternativa para millones de jóvenes negros es la prisión o la muerte. En la prensa los caracterizan cada vez más como “salvajes” e “incorregibles”. Y, claro, durante este tiempo han abierto ciertas puertas —pero solo un poquito— para permitir que un puñado de ellos “salgan adelante” e ingresen a la clase media. Pero su posición es muy precaria, y siguen sufriendo discriminación y opresión de muchas maneras a manos del sistema— como el riesgo que corren por solo manejar un carro.

Para la juventud negra esta no es una época de expectativas, sino de encarcelamientos en masa, demonización y desenfrenada criminalización.

Eso es lo que se ve clarísimo en Jena, Lousiana. ¿Qué quiere decir que Mychal Bell, uno de los 6 de Jena, ha estado preso más de nueve meses y que el fiscal ha mencionado sus “antecedentes penales” de delitos menores para negarle libertad condicional? ¿Qué quiere decir que el juez use una metáfora racista y perversa, diciéndoles a los familiares de Bell y otros que hablaron por él que “son como una cerca que rodea al ganado” y amonestándolos por no haber levantado la cera antes? ¿Qué quiere decir cuando les dicen a los estudiantes de la prepa Jena que los castigarán si se ponen playeras de “Libertad para los 6 de Jena”? A estos jóvenes les dicen lo mismo que a jóvenes negros por todo el país: no tienen futuro en este sistema, y que más vale que se callen y no digan nada sobre el racismo y las demás injusticias que sufren.

La necesidad de resistencia

Este sistema traicionó al pueblo negro. Lo que este sistema le ofrece al pueblo negro no es solo “volver a otra época” sino algo peor: un programa con implicaciones genocidas. Eso es lo que significa que la cantidad de negros en las cárceles haya crecido más de 10 veces en 50 años, que gente como Pat Robertson diga que los presos son “una mancha en la sociedad”, que otros digan que “hay que darles más duro” y que se refieran a esos jóvenes como “superdelincuentes imposibles de rehabilitar”, y que las pocas oportunidades que tienen se las estén quitando.

Tendría que darse una nueva oleada de resistencia política contra toda la opresión, que unifique a muchas personas con diversos puntos de vista. Si eso no se da, no puede haber un cambio fundamental; sin eso, la gente sería golpeada más y sufriría mayores horrores.

Todo eso recalca la importancia de la lucha para liberar a los 6 de Jena. De Carolina del Norte a Texas, de Detroit a los pueblos rurales de Louisiana, en las universidades, en las emisoras, en los salones de belleza y en la calle la gente está haciendo correr la noticia, organizándose en las bases y contratando camiones, retando a todos a que denuncien, a que participen y a que ESTÉN en Jena. Muchos negros de todas las capas, y otros también, sienten que estos jóvenes negros deben salir libres, y que hay que desenmascarar y erradicar la fuente de todo esto.

Algo que podría ser muy importante está surgiendo como resultado de esta lucha de libertad para los 6 de Jena. La oleada de indignación que vimos por todo el país es algo que no se ha visto en muchos años, y hay que generalizarse, tiene que conectarse con otras luchas y batallas importantes contra el sistema y con la necesidad de la revolución.

Hay mucho en juego en esta lucha. Hay una batalla que hay que GANAR. El pueblo no puede permitir que se cumpla esta injusticia. Tiene que parar, por medio de la acción política de las masas, esta imposición violenta de la supremacía blanca e impedir que más jóvenes negros desaparezcan en las mazmorras de este sistema. ¡Hay que liberar a los 6 de Jena! Y todo esto tiene que pasar a ser parte de un creciente movimiento revolucionario.

 

Envíenos sus comentarios.

Revolución #102, 23 de septiembre de 2007


Número actual  |   Números Anteriores  |   Bob Avakian  |   PCR  |   Temas  |   Comunícate
¡Dona a la campaña para recaudar $500,000!
Noticias y recursos de la campaña para recaudar fondos

La historia de los 6 de Jena

Alice Woodward

Un día de septiembre a finales del verano de 2006, acababa de empezar el nuevo año escolar, en el pequeño pueblo Jena, Louisiana. Un estudiante negro PIDIÓ PERMISO PARA sentarse debajo del árbol en el patio de la prepa. Era un árbol “SOLO PARA BLANCOS”.

El director dijo que lo podían hacer, y así fue.

Al día siguiente, cuando regresaron a clases, había tres DOGALES colgaban del árbol.

Tina Jones, madre de Bryant Purvis, uno de los 6 de Jena, le dijo a Revolución:

“Para los negros esto es muy insultante, porque desde hace mucho tiempo han ahorcado a muchos negros desde los árboles. Nos hizo pensar que los blancos nos decían: ‘Si se sientan debajo de este árbol, vamos a ahorcarlos’. Como negros nos hizo sentirnos así, a pesar de que los blancos decían que solo era una broma. ¿Cómo puede ser una broma cuando eso es lo que les hicieron a los negros por años?”

En respuesta, docenas de estudiantes negros hicieron un valiente plantón de protesta bajo el árbol. El director y el superintendente respondió con una reunión de todos los estudiantes e invitó al fiscal de distrito Reed Walters y  a policías. El fiscal les amenaza a los estudiantes negros, diciéndoles que si siguen hablando de los dogales, “tengo el poder de arruinarles la vida de un plumazo”. Los policías vigilaron los corredores de la escuela durante esa semana.

Mientras tanto, no hay ningún castigo serio contra los estudiantes que COLGARON LOS DOGALES. La junta escolar intervino para que no expulsaran a ninguno de ellos y que solo fueran suspendidos por tres días.

El 30 de noviembre, de 2006, un misterioso incendio destruyó el edificio principal de la escuela. Ese fin de semana, Robert Bailey, un estudiante negro de 17 años, fue a un baile escolar donde al entrar lo agredieron sin aviso un grupo de jóvenes blancos. Le pegaron en la cara y lo tumbaron al suelo. Solo arrestaron a uno de los estudiantes blancos y solo lo sentenciaron a libertad condicional con la recomendación de que pidiera disculpas.

La noche siguiente, un joven blanco amenaza con pistola a un grupo de jóvenes negros. Un joven negro le quitó la pistola a jalones para que no les disparara. Y por eso le arrestaron al joven negro y lo acusaron de robo.

El lunes hubo una pelea en la escuela. Un estudiante blanco, Justin Barker,  fue a parar al hospital un par de horas y esa noche lo vieron en una función social.

Al día siguiente, el 4 de diciembre, seis estudiantes negros—Robert Bailey Junior, Theo Shaw, Carwin Jones, Bryant Purvis, Mychal Bell y un menor no identificado—son arrestados y acusaron de tentativa de homicidio sin premeditación y tentativa de cometer homicidio de segundo grado. A cada uno les pusieron fianzas indignantes de entre $70,000 a $138,000, por lo cual casi todos permanecieron presos por meses. Y Mychal Bell sigue en la cárcel.

Como una escena de lo tiempos de las leyes Jim Crow, un jurado blanco juzgó a Mychal Bell del 25 al 28 de junio en un tribunal con un juez blanco. El fiscal presentó 16 testigos, casi todo estudiantes blancos. El defensor público que le designaron a Mychal Bell NO PRESENTÓ NI UN SOLO TESTIGO EN SU DEFENSA. El fiscal dijo que los “tenis” de Bell eran “un arma mortal”. A Mychal le condenaron de lesiones agravadas en segundo grado y conspiración.

El 26 de julio, el Departamento de Justicia patrocinó un “foro comunitario” sobre Jena. A cargo estaba Lewis Chapman, el agente a cargo del FBI en Nueva Orleáns; el fiscal federal Donald Washington. Hablando de cómo slas autoridades manejaban el asunto, Washington dijo: “Todos los procedimientos eran ‘normales’ y no ‘anormales’”. O sea que está diciendo que los jóvenes negros deben ir a la cárcel por luchar contra el racismo, que la supremacía blanca es lo NORMAL, que así funciona el sistema.

EN CADA MOMENTO, las autoridades federales, la policía y los tribunales han intervenido para hacer cumplir la supremacía blanca y asegurarse de que le procesaran judicialmente a ese joven negro.

La lucha para liberar a los 6 de Jena

El 31 de julio, día de la sentencia a Mychal Bell, unas 300 personas hicieron un mitin de apoyo a los 6 de Jena frente al tribunal donde iban a sentenciar a Mychal Bell. La semana antes, las autoridades mandan cortar el “árbol solo para blancos”.

En agosto, un grupo de abogados de Monroe, Louisiana, ofreció defender a Bell en su apelación, pro bono. El tribunal aceptó varias peticiones en las que señalan que no recibió un juicio justo, que violaron sus derechos constitucionales, que deberían revocar la condena y que se debería hacer un nuevo juicio o anular todos los cargos.

El 24 de agosto se llevó a cabo una audiencia de fianza de Mychal Bell. Miembros de la comunidad negra se presentaron para testificar en defensa de Bell y asegurarle al juez que él estaría en manos de la comunidad si sale bajo fianza. El juez descartó a la ligera el testimonio de quienes testificaron a favor de Mychal Bell y le negó la fianza; dijo que era un “peligro” a la comunidad y comentó sobre los supuestos “antecedentes penales” de Bell, que consisten de delitos menores. Luego, con un insulto racista, comparó a la comunidad negra a “una cerca que rodea el ganado” y les amonestó por no haber levantado la cerca.

Los estudiantes de la prepa Jena siguen oponiendo resistencia. El 28 de agosto, ocho o nueve estudiantes fueron a la escuela con playeras que decían “Libertad para los 6 de Jena”. Pero otra vez cayó el martillazo. El rector anunció por altoparlante que no se podían poner esas playeras porque “ofenden” a ciertas personas. Así que están prohibidos.

***

Todo esto creó el marco de este mes. El 4 de septiembre, los abogados de Mychal Bell fueron ante la Corte Judicial 28 con una abundancia de pruebas de que violaron los derechos constitucionales de Bell durante su juicio. El juez J.P. Mauffray Jr. rechazó todas las apelaciones de los abogados menos una. Descartó la condena de conspiración porque lo juzgaron indebidamente como adulto. Pero NO descartó la condena, como adulto, por lesionas agravadas en segundo grado. Al cierre de esta edición, todavía podrían sentenciar a Bell a 15 años de cárcel.

Luego, el 14 de septiembre, en respuesta a una apelación de urgencia de los abogados defensores de Mychal Bell y el crecimiento de movimiento por todo el país de libertad para los 6 de Jena, el Tribunal de Apelaciones del Tercer Circuito de Louisiana descartó la condena por lesiones agravadas en segundo grado porque lo juzgaron indebidamente como adulto. Esta es una importante victoria para el pueblo, pero todavía es muy parcial e inicial. Al cierre de esta edición, el fiscal anunció que iba a apelar a los tribunales superiores para que pueda volver a acusarlo como adulto, Bell sigue preso y las muy serias acusaciones contra los demás miembros de los 6 de Jena siguen en vigor. Incluso esta victoria inicial no se hubiera dado sin la valiente postura de la gente de Jena y el creciente movimiento político por todo el país para liberar a los 6 de Jena. La lucha para liberar completamente a los 6 de Jena y obligar al sistema a retirar TODAS las acusaciones dista mucho de haber terminado y tiene que avanzar a pasos agigantados.

 

Envíenos sus comentarios.

Revolución #102, 23 de septiembre de 2007


Número actual  |   Números Anteriores  |   Bob Avakian  |   PCR  |   Temas  |   Comunícate
¡Dona a la campaña para recaudar $500,000!
Noticias y recursos de la campaña para recaudar fondos

En el lugar de los hechos: Jena

Platicar de liberar a los 6 de Jena y el periódico Revolución

Hank Brown

Lean más sobre la lucha para liberar a los 6 de Jena en línea en
Jena, Louisiana, 10 de septiembre de 2007

Hay mucha expectativa aquí en Jena sobre lo que va a pasar el 20 de septiembre, cuando llegará gente de todo el Sur y más allá para marchar y reclamar la libertad de los 6 de Jena. La gente tiene muchas ganas de enterarse de lo que está ocurriendo. Los medios de comunicación aquí o están en contra o son “neutrales”; la gente oye diferentes cosas y busca la verdad sobre lo que está pasando en sus comunidades y en el mundo. El periódico Revolución alimenta su ansia de saber.

El pasado fin de semana en Jena, hablé con varias personas que estaban enfrente de su casa. Todos estaban esperando el día 20 y dijeron que ya era hora de que algo se hiciera. Repartí Revolución; ellos juntaron $40 en billetes de a uno, de a cinco y uno de 20, y empezaron a hacer planes sobre cómo distribuir el periódico. Uno dijo que los iba a dejar en la gasolinera; otro dijo que en su vecindad. Luego, un amigo nos llevó para que sus familiares conocieran al revolucionario que había venido a Jena.

Entré en una cantina en Jonesville, un pueblo 20 millas de Jena. La gente se acercó a comprarme el periódico que yo traía y me recomendaron otros lugares donde llevarlo. Iba por la calle y me acercaba a las personas que estaban sentadas en sus porches. En un lugar muchos estaban platicando mientras se les cortaban y arreglaban el pelo. Muchas personas decían que iban a ir a Jena y empezaron a platicar de quiénes iban a venir el 20 de otras partes del país. Platicamos de movilizar aquí y marchar el 12 y el 20 de septiembre. Preguntaron dónde se conseguían las playeras y botones, pues no hay muchos materiales y los quieren con ganas. Fui a una iglesia y de allí a un salón donde se estaba celebrando el cumpleaños de un niño. Una señora se llevó muchos periódicos y empezó a repartirlos en el estacionamiento a las personas que entraban y salían. Todos empezamos a platicar del caso de los 6 de Jena y la importancia de actuar el 12 y el 20.

Una persona me preguntó de qué se trataba el periódico Revolución. Le leí los tres puntos principales [ver la página 2]. Después de leerlo y de discutir un rato, echó una llamada a un amigo que es pastor, y le dijo: “Tienes que venir; hay alguien aquí con quien debes hablar”. Al ratito llegó el pastor y agarró varios periódicos. Me preguntó si realmente iba a venir gente el 20 o si era pura habladera. Les conté algo de lo que está ocurriendo aquí y por todo el país, y en el curso de la conversación se le iba quitando el escepticismo.

También fui a la casa de un amigo con quien pasé el fin de semana del Día del Trabajo asando carne en la parrilla; hizo una cooperación para imprimir volantes del editorial en Revolución que pide apoyo popular para las protestas del 12 y 20 de septiembre para liberar a los 6 de Jena. Se llevó periódicos para repartir en la iglesia, y recibió $75 para pagarlos. En total, repartimos 180 copias de Revolución este fin de semana y juntamos $180.

En el curso de eso, surgieron interrogatorios importantes sobre la lucha para liberar a los 6 de Jena. Primero: ¿qué hacemos? Cuando la gente quería actuar, les mostré el editorial en Revolución: “¡Manos a la obra! Apoyar los Días Nacionales de Protesta por la libertad de los 6 de Jena”. Algunos dijeron que querían colocar en sus ventanas el afiche de la página de atrás, “Libertad para los 6 de Jena”.

La gente trataba de relacionar eso con otras cosas que están ocurriendo. En la cantina en Jonesville, una persona comentó que el juicio de Mychal Bell era inconstitucional. Como respuesta, un tipo que era de Detroit se acordó de un negro a quien la chota mató a golpes. Estaba comparando lo de los 6 de Jena con acontecimientos semejantes por todo el país. Un hombre captó muy bien que esta situación encarna no solo la historia de la opresión del pueblo negro sino también una parte de lo que sigue pasando hoy día; habló de la criminalización de la juventud y el papel de la policía.

Todo mundo decía que iban a venir a Jena el 20 de septiembre. Está en la boca de todos. No es algo que “está fermentando bajo la superficie” sino que está por estallar. Incluso lo tratan los sermones dominicales. Un pastor exclamó exuberante: “¡Si estás sentado, es hora de ponerte de pie!”. Hasta lo demostró: se sentó en el banco para luego ponerse de pie. Muchos dicen que “ya era hora”; no solo para Jena sino que ya era hora de que el pueblo negro se pusiera de pie, ya era hora que ocurriera algo así. Desde este punto de vista la gente se está uniendo para oponer resistencia a todo eso, con cierta exuberancia. Hay un acercamiento a Revolución y es muy necesario que esté presente en esta región, que la gente se comprometa a distribuirlo. Hay potencial también de que la gente recaude fondos. Aunque en esta zona del país el fundamentalismo cristiano tiene mucha fuerza, la gente está abierta al periódico, y tenemos que explorar eso más. Más allá de Jena: ¿qué onda con los pueblos rurales y el periódico Revolución? Venimos aquí en respuesta a un suceso específico, pero encontramos que existe la posibilidad de establecer un grupo o equipo para hacer una gira y organizar la distribución en zonas como esta. Lo que encontramos aquí es que el periódico es rete bien recibido. Tiene mucho que ver con lo que está ocurriendo aquí, pero yo creo que también es por lo que está ocurriendo en el mundo.

Estamos estableciendo relaciones con la gente por medio de la unidad que se ha forjado en defensa de los 6 de Jena. Se acercaron a nosotros para hablar sobre el aborto y la religión. Hubo discusión sobre esos temas, mientras que al mismo tiempo reconocen que estamos aquí para apoyar y construir un movimiento de apoyo a los 6 de Jena, y que estamos hablando con ellos y aprendiendo de ellos. No es que no tenemos diferencias, pero se están familiarizando con lo que representamos y lo que es la moral comunista. Lo aprecian. Apoyan el periódico. Lo leen… y no solo los artículos sobre Jena. Cuando uno les da el periódico lo empiezan a leer inmediatamente. Uno estará hablando con un par de personas cuando de repente los demás ya están bien entrados leyendo los artículos.

 

Envíenos sus comentarios.

Revolución #102, 23 de septiembre de 2007


Número actual  |   Números Anteriores  |   Bob Avakian  |   PCR  |   Temas  |   Comunícate
¡Dona a la campaña para recaudar $500,000!
Noticias y recursos de la campaña para recaudar fondos

¡Libertad para los 6 de Jena!


11x17 pdf (35K)

8 x 11 jpg(60K)

 

Envíenos sus comentarios.

Revolución #102, 23 de septiembre de 2007


Número actual  |   Números Anteriores  |   Bob Avakian  |   PCR  |   Temas  |   Comunícate
¡Dona a la campaña para recaudar $500,000!
Noticias y recursos de la campaña para recaudar fondos

Una criminal guerra de mentiras

 

Por qué realmente está Estados Unidos en Irak

Larry Everest

La tortura de los presos de Abu Ghraib recibió atención en los medios, pero estos han ocultado la mayoría de los crímenes de guerra de Estados Unidos. Hace poco la revista The Nation publicó una poderosa denuncia de las atrocidades cometidas por las fuerzas yanquis en Irak. Tras entrevistar a docenas de ex soldados estadounidenses, pinta un cuadro de maltrato y asesinato de hombres, mujeres y niños en gran escala en lo que el gobierno llama una “causa noble”. (http://www.thenation.com/doc/20070730/hedges) La cantidad de presos de Estados Unidos en Irak aumentó 50% desde el “aumento de tropas”: hoy tiene unos 24,500 presos, en comparación con 16,000 a comienzos del año.

Hace varias semanas el gobierno inició una ofensiva propagandística sobre Irak. Bush dio una serie de charlas que recibieron mucha atención de la prensa y la semana pasada el general David Petraeus, el comandante militar estadounidense en Irak, y Ryan Crocker, embajador a Irak, dieron un informe ante el Congreso sobre la situación. Los demócratas ofrecieron unas pocas protestas débiles. Al final de todo esto, parece que la ocupación de Irak continuará, con más de 100,000 soldados, en el futuro inmediato.

El tema oficial del “debate” es si el “aumento de tropas” del gobierno de Bush (o sea, la escalada militar de enero de este año) “ha tenido éxito”. Pero los límites de este “debate” han ocultado una verdad fundamental: la guerra, la ocupación y el “aumento de tropas” son totalmente injustos, si es que han “tenido éxito” o no.

Una guerra injusta y horrorosa, y los pretextos mentirosos

Desde el comienzo, Bush ha mentido una y otra vez para justificar la guerra. “Irak tiene armas de destrucción masivas”. Mentira. “Irak estaba involucrado en el 11 de septiembre”. Mentira. “Los iraquíes darán la bienvenida a los soldados estadounidenses como ‘libertadores’”. Mentira. Mentiras intencionales y conscientes.

No era cuestión de información equivocada de los servicios de inteligencia ni de buenas intenciones que fallaron. Mintieron. Un ejemplo: Hace poco Sidney Blumenthal reveló en Salon.com: “El 18 de septiembre de 2002, George Tenet, director de la CIA, le informó al presidente Bush en su oficina sobre inteligencia clandestina que demostró que Saddam Hussein no tenía armas de destrucción masiva, según dijeron dos altos ex funcionarios de la CIA”. Bush inició la guerra de todos modos.

Esta revelación demuestra una vez más que esta guerra no fue un “error”… sino un crimen. El gobierno sabía a ciencia cierta que Irak no fue una amenaza militar directa a Estados Unidos ni a sus vecinos, así que la invasión fue una guerra de agresión, el delito “supremo” según el tribunal sobre crímenes de guerra de Nuremburgo que juzgó a los nazis.

Ahora Bush dice, en parte, que Estados Unidos se mantiene en Irak para impedir “asesinatos en masa de una escala horrorosa” y condena a Irán por “la muerte de iraquíes inocentes”. Pero la invasión estadounidense, y las acciones de las fuerzas armadas yanquis, han causado los “asesinatos en masa de una escala horrorosa” y  “la muerte de iraquíes inocentes”.

Un estudio de la Universidad Johns Hopkins que publicó la revista médica inglesa The Lancet calculó que unos 655,000 iraquíes han muerto a consecuencia de la invasión y ocupación estadounidenses. Eso salió hace dos años y el saldo de muertes sigue subiendo. Unos 4.4 millones de iraquíes (de una población de 26 millones antes de la guerra) han huido de la violencia (la mitad a otros países) y 60,000 huyen cada mes.

Con la escalada (o “aumento de tropas”) estadounidense, la situación ha empeorado. La Associated Press informó que el saldo de muertes de civiles iraquíes es el doble de hace un año. En agosto, el saldo de muertes civiles subió a un mínimo de 1,809, o sea, el segundo más alto del año. La cantidad de presos de Estados Unidos aumentó 50%: hoy tiene unos 24,500 presos, en comparación con 16,000 a comienzos del año.

Hace poco, se supo un poco de la verdad: en un viaje a Australia, Bush se jactó de que “les damos duro”. A Bush y los demás políticos estadounidenses no les importa un comino los centenares de miles de seres humanos que han muerto como consecuencia de sus acciones, ni los millones más que han quedado sin casa e indigentes.

Las verdaderas causas de la guerra

Bush le dijo a la Legión Americana el 28 de agosto: “Es una causa noble. Es una causa justa. Es una causa necesaria”. Y: “América tiene intereses vitales y de largo plazo en la región [del Medio Oriente]… Sigue siendo un cruce mundial estratégico…”.

¿Cuál es esta “causa noble”? Y más importante, ¿cuáles son los “intereses vitales y de largo plazo” de los que habla Bush? Para empezar, el Medio Oriente tiene el 60% de las reservas petroleras del mundo. Para los imperialistas, el petróleo es una fuente de ganancias esencial y un arma estratégica para controlar la economía global y los demás países que dependen del petróleo. El control de esa región es esencial para la dominación global. Por eso Estados Unidos tiene 170,000 soldados y una armada de buques de guerra y bases militares en la región, por eso gasta tanto para fortalecer a Israel, un estado de colonos, y a las tiranías reaccionarias árabes como Arabia Saudita, y por eso amenaza con atacar a Irán.

El control estadounidense ha hundido en una terrible opresión a centenares de millones de personas. Pero todos los principales candidatos de ambos partidos han aceptado la idea de que Estados Unidos debe y tiene que dominar la región y a los pueblos. Principalmente por eso, la oposición de los demócratas es tan débil y vacilante. Son políticos imperialistas y representantes de los intereses de los imperialistas.

Tras años de decir que el petróleo no tiene nada que ver con la guerra de Irak, ahora Bush dice que si Estados Unidos no estuviera en el Medio Oriente, “los extremistas controlarían una parte clave de los energéticos mundiales, y podrían chantajear y sabotear la economía global. Podrían utilizar los miles de millones de dólares de la venta del petróleo para comprar armas y dedicarse a sus ambiciones mortales”.

Aquí Bush deja salir un poco de la verdad, al servicio de una mentira más profunda. Estos “extremistas” que Bush condena son los fundamentalistas islámicos, que dicen que lo clave para la liberación de las sociedades oprimidas sería establecer estados islámicos bajo el control del derecho religioso. Este movimiento NO ofrece un verdadero camino a la emancipación. Es reaccionario. Donde ha conquistado el poder (por ejemplo, en Irán o Afganistán bajo el gobierno del Talibán), ha impuesto un control sofocante de la vida política y ha suprimido las ciencias y el pensamiento crítico; ha sometido a la mujer a una subyugación y opresión más profundas; y ha mantenido las relaciones económicas y sociales feudales y capitalistas en que los campesinos siguen sometidos a los terratenientes y los trabajadores a los capitalistas. Su programa representa los intereses y la posición de unas fuerzas de clase anticuadas: los terratenientes feudales, los pequeños capitalistas sometidos al imperialismo y a la vez sofocados por ella, etc. No ha conducido, y no puede conducir, a la liberación de estas economías de la dominación imperialista sino, como máximo, a una forma diferente de dominación y una mayor tajada del botín para otro grupo de explotadores.

Esas fuerzas son un obstáculo a las necesidades de Estados Unidos de penetrar la región más profundamente y reestructurar a la fuerza las sociedades para garantizar su dominación. Y ese es el problema que tienen Bush y el resto de la clase dominante con esas fuerzas. No les importa un comino la opresión de la mujer: ¡Estados Unidos apoya a muchos gobiernos que imponen una opresión parecida y por su cuenta se ha dedicado a la “misión” de negarle a la mujer el derecho al aborto y el control de la natalidad! ¿Y cómo diablos puede Bush quejarse de “gastar dinero de la venta del petróleo en armas”? ¿Por qué tiene el gobierno estadounidense el derecho de controlar los energéticos mundiales, y gastar miles de millones de dólares en una máquina militar monstruosa, que utiliza en aras de sus ambiciones? Las fuerzas de clase que Bush representa —el capital monopolista imperialista— no son menos anticuadas que esos “extremistas” y tienen la culpa con mucho de la mayor parte del sufrimiento diario incalculable y las agresiones horripilantes, como en Irak, en el mundo actual.

De hecho, tumbar a esas fuerzas fundamentalistas islámicas fue en gran medida la razón por qué Estados Unidos invadió a Irak y derrocó al gobierno de Saddam Hussein. Para que quede claro, el gobierno de Hussein no era fundamentalista islámico. Pero la lógica de la invasión fue empezar con el derrocamiento y ocupación de Irak (que pensaban que sería fácil), utilizar a Irak como ejemplo y base de operaciones para reestructurar a la fuerza toda la región en aras de los intereses del imperialismo estadounidense, y aplastar a todas las fuerzas de oposición.

Mintieron acerca de la guerra… y mienten acerca de la ocupación

Estados Unidos formó un gobierno iraquí compuesto de fuerzas reaccionarias y lo bautizó de democrático. La ocupación ha desencadenado a los escua­drones de la muerte de las facciones, que han asolado el país con una campaña de limpieza étnica. Ha intentado crear nuevas leyes para abrir la economía y la industria petrolera al capital estadounidense. Ha construido enormes bases militares, algunas de las cuales podrían ser permanentes y que podrían utilizar para atacar a otros países. Esta es la realidad de la declaración de Bush de que una “meta central” de la estrategia estadounidense es convertir a Irak en “un aliado de esta guerra contra el terror” y de que “el curso futuro en el Medio Oriente lo determinará en gran medida el resultado de la guerra de Irak”, y por qué promete que Estados Unidos “se haya cometido a una relación de largo plazo”.

Nada de esto quiere decir que la situación en Irak (o la región) sería buena si las fuerzas estadounidenses se fueran. Las acciones de los imperialistas en Irak han desencadenado a muchas fuerzas, la mayoría de ellas reaccionarias en este momento. Pero la alternativa —la continuación de la ocupación de Irak, con todas las muertes y toda la destrucción que eso conlleva, y la continuación de la “guerra contra el terror” contra otros países— es muchísimo peor. Dejaría a la potencia más opresiva del mundo aun más dominante y en una posición mucho mejor desde donde llevar a cabo mayores horrores contra el mundo.

Hoy, a fines de septiembre, ha surgido una imagen definida. Estados Unidos seguirá cometiendo crímenes en Irak. Seguirá sentando las bases para un posible ataque contra Irán (que podría darse en cualquier momento). Los demócratas seguirán canalizando la indignación hacia el callejón sin salida de las elecciones del 2008 (y en caso de una guerra contra Irán, ya se han comprometido a apoyarla).

Hace tiempo que es hora de forjar una enorme resistencia política.

 

Envíenos sus comentarios.

Revolución #102, 23 de septiembre de 2007


Número actual  |   Números Anteriores  |   Bob Avakian  |   PCR  |   Temas  |   Comunícate
¡Dona a la campaña para recaudar $500,000!
Noticias y recursos de la campaña para recaudar fondos

SOBRE LA POSIBILIDAD DE LA REVOLUCIÓN

Carta de un lector… y respuesta

Hace poco Revolución recibió esta carta de un lector:

Estimado Revolución,

Leí con mucho interés el número especial del periódico, “La encrucijada que se nos plantea; la dirección que necesitamos” (Revolución #84, 8 de abril de 2007). Me pareció muy refrescante y me hizo reflexionar, especialmente el hecho de que aborda con seriedad y de una manera poco común hoy en día el tema de la revolución, la naturaleza de la revolución y la dirección que se necesita para hacer esa revolución. Una parte en particular me llamó la atención y es sobre eso que les escribo: la sección sobre “los interrogantes difíciles” de la revolución. Específicamente, me refiero a la parte que habla del hecho de que “La opinión común dice que la revolución es imposible en un país como Estados Unidos”; continúa:

“No tiene sentido negar que así pudiera parecer. Pero si la revolución es necesaria—y lo es—entonces hay que ver cómo concretarla en los hechos, por difícil que parezca”. (p. 2)

Pero ese número especial no habla más sobre el tema de “cómo concretarla en los hechos”, además de subrayar el principio crucial de que “Dicha revolución, para que sea una revolución de veras, tiene que ser la obra consciente y resuelta de millones” y que “Solo se puede hacer cuando el sistema esté en una crisis profunda y las masas estén convencidas de que no hay otra alternativa”. (p. 2)

Entiendo que el propósito de este número especial no fue hablar sobre ese tema detalladamente; y en unidad con la orientación que subraya el número especial, de que ese es un tema que hay que abordar con seriedad, he leído otros escritos y charlas que tratan sus ideas sobre eso. A base de eso, creo que un resumen fiel de la posición básica que presentan sobre cómo se podría hacer la revolución en un país como Estados Unidos es lo siguiente:

En términos generales, hay dos tipos de países diferentes en el mundo—una pequeña cantidad de países imperialistas, como Estados Unidos, y una gran cantidad de países oprimidos del tercer mundo—y hay dos caminos a la revolución correspondientes:

La guerra popular prolongada en los países del tercer mundo, donde la guerra es la forma de lucha principal más o menos desde el comienzo y durante todo el proceso revolucionario, y donde tal guerra, por parte de los revolucionarios, empieza en pequeña escala y acumula fuerzas poco a poco, con la fuerza concentrada en las zonas rurales, y cada vez más rodea el bastión de poder del viejo sistema, en las ciudades, y luego, cuando surjan las condiciones necesarias, libra las luchas finales, centradas en las zonas urbanas, para derrotar decisivamente al viejo gobierno; y

Lo que se ha llamado el “camino de octubre” en los países imperialistas. (Esto, según tengo entendido, se basa en el hecho de que la primera revolución victoriosa que resultó en el establecimiento de un estado socialista duradero ocurrió en octubre de 1917 en Rusia, con la dirección de Lenin y los bolcheviques, y creó la Unión Soviética). Ese modelo del “camino de octubre” comprende un período relativamente largo de lucha política (esencialmente no militar), en el que la meta es, como lo dijo Lenin, preparar mentes y organizar fuerzas para la revolución; y solo cuando se haya dado un cambio mayor y cualitativo en la situación objetiva, de tal manera que toda la sociedad esté sumida en una crisis profunda y grandes cantidades de personas hayan llegado al punto de estar listas para luchar y morir por un cambio radical—solo en tal situación se podría iniciar una lucha armada sobre una base correcta y con posibilidades de salir victoriosa. Además, cuando se iniciara esa lucha armada, en tales circunstancias revolucionarias, consistiría, primero, de insurrecciones populares, que se dieran simultáneamente, en varias zonas urbanas, y las fuerzas revolucionarias que surgieran tomarían y se mantendrían a la ofensiva con el objetivo de derrotar rápidamente a las fuerzas del viejo orden y establecer un nuevo gobierno revolucionario en la mayor cantidad de territorio posible. Luego, ante la muy gran posibilidad de que las clases dominantes tumbadas, y otras fuerzas reaccionarias, se reorganizaran y desataran una embestida armada contra el nuevo gobierno revolucionario, ese gobierno tendría que librar una guerra civil para derrotar completa y decisivamente a esas fuerzas reaccionarias tumbadas.

De lo que he visto, en ese modelo de la revolución que se ha teorizado en cuanto a los países imperialistas, la lucha por conquistar el poder—que seguiría todo un período caracterizado por trabajo ideológico, político y organizativo—se ha descrito con la formulación ia/gc (o sea, insurrección armada, seguida por guerra civil).

Estoy firmemente de acuerdo con el énfasis que ese modelo da al hecho de que, para salir victoriosa una revolución en un país imperialista, y especialmente en una gran potencia imperialista, se necesitaría una situación revolucionaria, no solo problemas, y ni siquiera problemas serios, para la clase dominante sino una crisis profunda, que afectara a toda la sociedad y todas las instituciones gobernantes, entre ellas la maquinaria de represión de la clase dominante, y que llevara a una resistencia militante de parte de grandes cantidades de personas del fondo de la sociedad y de otras capas también. No cabe duda de que sería incorrecto y hasta suicida tratar de librar una lucha revolucionaria por el poder, o siquiera iniciar alguna clase de acciones militares de menor escala, sin tales condiciones.

Pero para mí el problema es que, incluso con tales condiciones, ese modelo de ia/gc no parece realista. En particular, no me parece de ninguna manera probable que las insurrecciones urbanas, incluso si participaran enormes cantidades de personas y si ocurriesen simultáneamente en varias ciudades, saldrían victoriosas aun en la lucha contra una parte relativamente pequeña de las fuerzas militares del viejo orden, que casi seguramente seguirían muy fuertes, organizadas, entrenadas y equipadas. Por su naturaleza, las insurrecciones revolucionarias tendrían que derrotar y desintegrar esas fuerzas poderosas del viejo orden en un plazo muy corto, lo que requeriría entrar en combates decisivos y de gran escala más o menos desde el comienzo. Sin embargo, por definición, las fuerzas revolucionarias tendrían que empezar, en efecto, “desde una salida parada” y sin tiempo o experiencia para forjar la clase de fuerzas que tendrían la posibilidad de ganar tales combates. Lo que es más, aun si de alguna manera las fuerzas revolucionarias salieran victoriosas en esas insurrecciones iniciales, parece que cualquier gobierno que establecieran sería muy vulnerable al poder concentrado de las fuerzas de la violencia reaccionaria que quedaran y que se hubieran reorganizado. En esas circunstancias, ¿cómo sería posible mantener el nuevo gobierno revolucionario, defender su territorio y satisfacer las necesidades de la población y los requisitos de las nuevas fuerzas de defensa del estado revolucionario? Una vez más, que fuera posible hacer todo eso parecería muy poco probable y, al contrario, ese nuevo gobierno revolucionario sería derrotado y sus fuerzas serían pulverizadas muy rápidamente.

Me parece que esos son serios problemas, con respecto a lo que entiendo es el modelo del “camino de octubre” para hacer la revolución en los países imperialistas. Los planteo en vista de (y porque aprecio) el hecho de que la revolución es un tema sumamente serio y hay que abordarla con mucha seriedad, con el mismo espíritu con que el número especial de Revolución (#84, 8 de abril de 2007) dice que “si la revolución es necesaria—y lo es—entonces hay que ver cómo concretarla en los hechos, por difícil que parezca”. Así que el interrogante queda pendiente: incluso en las mejores circunstancias posibles, en un país imperialista poderoso como Estados Unidos, ¿sería posible hacer la revolución, y si sería, cómo?

RESPUESTA

No cabe duda de que las cuestiones que plantea esta carta son sumamente importantes. La clase de problemas que señala se presentarían muy agudamente, en realidad, al punto de librar una lucha revolucionaria por el poder en un país imperialista. Son problemas relacionados con la cuestión fundamental de si la clase de lucha revolucionaria de la que habla esta carta podría salir victoriosa. Son problemas que destacan la necesidad de una concepción estratégica—o en aspectos importantes una reconcepción—como parte de desarrollar la orientación básica que, en la esfera de la teoría y el enfoque estratégico, podría arrojar luz sobre el camino a una revolución exitosa.

El año pasado, en la charla “Forjar otro camino” (que Revolución acaba de publicar como serie y que se encuentra en revcom.us), Bob Avakian llama la atención al hecho de que hay “‘dos cosas que no sabemos hacer’—es decir, responder a la represión y ganar cuando se presente el momento… Lo digo para recalcar la necesidad de esforzarnos en esto—de una manera apropiada y no de maneras poco apropiadas”.

Continúa, hablando del tema de ganar cuando llegue la hora:

“Tenemos que abordar la cuestión de ganar de una manera muy seria y no infantil, y no de una manera que ayude a la reacción, con su concentración de poder [encarnada en la clase dominante imperialista], a aplastar todo intento de crear un mundo nuevo”.

Para subrayar más esa orientación, Avakian incluye en “Forjar otro camino” una declaración publicada en Revolución titulada “Puntos esenciales de orientación revolucionaria—en oposición a los alardes y poses infantiles y las tergiversaciones de la revolución”, que empieza así:

“La revolución es un asunto sumamente serio y hay que abordarla de manera seria y científica, y no con expresiones subjetivas e individualistas de frustración, alardes, poses y acciones que van en contra del desarrollo de un movimiento revolucionario de masas cuya meta es un mundo radicalmente diferente y mucho mejor, y cuyos medios coinciden fundamentalmente con esa meta y sirven para plasmarla en realidad. La revolución, y especialmente la revolución comunista, es y tiene que ser la acción de las masas populares, organizadas y dirigidas para librar una lucha cada vez más consciente para abolir todos los sistemas y las relaciones de explotación y opresión, y llevar a la humanidad a trascenderlas”. (Volvemos a publicar “Puntos esenciales” en este número de Revolución).

Conforme a esa orientación, en “Forjar otro camino” y sobre la base de lo que se dice en “Puntos esenciales”, Avakian llama a estudiar y bregar en la esfera de la teoría y concepción respecto al problema de ganar cuando surja el momento. Como dice:

“En charlas previas he hablado de que hay dos pistas en relación con el problema de ganar, en relación con la conquista del poder cuando surjan una situación revolucionaria y un pueblo revolucionario de millones. En vista de lo que acabo de leer (el texto completo de ‘Puntos esenciales de orientación revolucionaria—en oposición a los alardes y poses infantiles y las tergiversaciones de la revolución’), y con esto como plantilla y fundación—y desde un punto de vista estratégico y no inmediato—, debemos entender el papel y la relación dialéctica de estas dos pistas. Son pistas separadas, y solo con un cambio cualitativo de la situación (como explica lo que acabo de leer de ‘Puntos esenciales de orientación revolucionaria’) podrán confluir. Hasta ese entonces, solo se pueden desarrollar correctamente—y hay que desarrollarlas—como pistas separadas.

“La primera pista, que es el principal enfoque y contenido ahora, es el trabajo político, ideológico y organizativo, guiado por la orientación estratégica del frente único bajo la dirección del proletariado, con la meta de hacer preparativos políticos para cuando surjan una situación revolucionaria y un pueblo revolucionario en una escala masiva. Esto es lo que quiere decir ‘acelerar mientras se aguarda’ el desarrollo de una situación revolucionaria.

“La segunda pista se refiere al desarrollo de la teoría y la orientación estratégica para poder responder y ganar cuando las dos pistas puedan y deban confluir, con un cambio cualitativo del terreno político objetivo con el surgimiento de una situación revolucionaria y un pueblo revolucionario (como he explicado aquí y se presenta en forma concentrada en ‘Puntos esenciales’). Lo apropiado ahora es prestarle atención a la esfera de la teoría, el pensamiento y el conocimiento estratégicos, y aprender de una manera profunda y global de toda clase de experiencia. Es necesario estudiar todas esas diversas experiencias y sintetizarlas desde una perspectiva estratégica correcta, para acumular los conocimientos y así profundizar la comprensión teórica y la concepción estratégica”.

Y, ampliando un punto que señaló Mao Tsetung, Avakian ha destacado la orientación fundamental de que es sumamente importante no dejarse restringir por la superstición y la convención—ni tampoco por lo que, hasta este momento, se ha considerado cierto—, sino que hay que abordar todos los problemas con el pensamiento crítico y creativo, basado en los principios y métodos científicos.

Defender unos principios básicos

En vista de eso, a continuación se presentan unos puntos esenciales de orientación subrayados por más estudio y conceptualización teórica.

* El análisis de, y la distinción entre, los dos tipos de países y los dos enfoques (caminos) estratégicos a la revolución correspondientes, que menciona la carta del lector, siguen siendo válidos e importantes en lo esencial. Por otro lado, unos cambios importantes que se han dado en el mundo, y en los países del tercer mundo en particular—lo que incluye especialmente la enorme migración de campesinos de las zonas rurales a las urbanas, que continúa, y el enorme crecimiento de las barriadas urbanas en muchos de estos países—apuntan a la necesidad de hacer más trabajo teórico para forjar un conocimiento más profundo de esos sucesos importantes, del proceso y las dinámicas generales de que forman una parte y las implicaciones de esto para la lucha revolucionaria, incluso donde, en los países del tercer mundo, la concepción y el enfoque (camino) estratégicos básicos seguirían siendo iguales en lo fundamental: es decir, la guerra popular prolongada, para rodear las ciudades desde el campo, y luego finalmente derrotar el poder de las clases dominantes reaccionarias, concentrado en las ciudades.

* En cuanto a los países imperialistas (y las cuestiones que plantea esta carta de un lector se enfocan en ese tipo de país), sigue siendo cierto, y un punto de orientación decisivo, que para que exista la base para librar una lucha seria por el poder revolucionario, y la posibilidad de ganar tal lucha, tiene que haber un cambio mayor y cualitativo en la situación objetiva, y como parte de esto en los sentimientos políticos, el estado de ánimo y las acciones de las masas. Como dice “Puntos esenciales de orientación revolucionaria—en oposición a los alardes y poses infantiles y las tergiversaciones de la revolución”:

“Este sistema se basa en la explotación, aquí y por todo el mundo. Carece completamente de valor y nada podrá mejorar fundamentalmente hasta derrocarlo…

“En un país como Estados Unidos, solo se puede hacer una revolución para tumbar este sistema cuando se dé un cambio mayor y cualitativo en la situación objetiva, de modo que toda la sociedad esté en una profunda crisis, debido fundamentalmente a la naturaleza y al funcionamiento del sistema, y cuando junto con eso surja un pueblo revolucionario, de millones y millones de personas, consciente de la necesidad de un cambio revolucionario y resuelto a luchar por él. En tal lucha, el pueblo revolucionario y quienes lo dirigen tendrán que enfrentar la fuerza represiva violenta de la maquinaria del estado que encarna e impone el sistema de explotación y opresión, y para triunfar, la lucha revolucionaria tendrá que enfrentar y derrotar esa fuerza represiva violenta del viejo orden de explotación y opresión.

“Antes del desarrollo de una situación revolucionaria—y como la clave para hacer surgir un pueblo revolucionario en un país como Estados Unidos—, quienes ven la necesidad de una revolución y quieren contribuir a ella tienen que concentrar sus esfuerzos en elevar la conciencia política e ideológica de las masas y en forjar una gran resistencia política a las principales maneras en las que la naturaleza explotadora y opresiva de este sistema se concentra en las medidas y acciones de la clase dominante y sus instituciones y dependencias—todo esto con el objetivo de habilitar a más y más gente a captar la necesidad y la posibilidad de la revolución, cuando surjan las condiciones necesarias por medio del desenvolvimiento de las contradicciones del sistema, así como del trabajo político e ideológico de los revolucionarios”.

Nuevas e importantes conclusiones

Por otro lado, el estudio y la conceptualización teórica también apuntan en nuevas e importantes direcciones:

* Aun con una situación revolucionaria y un pueblo revolucionario, es casi seguro que no se podría resolver la clase de problemas que plantea y subraya la carta con la estrategia de insurrecciones urbanas simultáneas que conducirían rápidamente al establecimiento de un gobierno revolucionario y luego, probablemente, a una guerra civil para derrotar decisivamente a las fuerzas que quedaran de la clase dominante tumbada y las demás fuerzas reaccionarias. Es casi seguro que un enfoque estratégico distinto para esta cuestión sería necesario, una vez que las condiciones necesarias se habrían presentado, en la forma de una crisis revolucionaria en la sociedad y el surgimiento de un pueblo revolucionario (una vez más, ver “Puntos esenciales”).

Una posible excepción a esa conclusión sería el desarrollo de una situación parecida en lo esencial a lo que pasó en la “Revolución de Octubre” en Rusia. En esa situación, entre los factores básicos que llevaron al éxito de la insurrección figuraron:

la realidad de que Rusia, aunque era una potencia imperialista con un imperio extenso, al mismo tiempo era un país muy atrasado con un nivel de desarrollo industrial mucho menor que el de los demás países imperialistas y con relaciones feudales generalizadas, especialmente en el inmenso campo, donde la mayoría de la sociedad todavía vivía y donde sufría enormemente;

una situación de intensa explotación y pobreza de la gran mayoría de la población y un gobierno autocrático sumamente represivo que detentaba el poder (encabezado por un monarca absoluto, el zar);

además, la intensificación de todo esto, y la miseria y angustia aun más extrema de las masas, como resultado de la participación de Rusia durante varios años en la I Guerra Mundial, y las enormes consecuencias de eso para la población de Rusia y para los soldados rasos del ejército ruso;

el hecho de que un levantamiento popular tumbó al gobierno del zar, junto con la intriga burguesa e imperialista, a comienzos de 1917 (la revolución de febrero) y que el nuevo gobierno burgués que llegó al poder como consecuencia de la revolución de febrero no estaba dispuesto a retirarse de la guerra, y fundamentalmente no lo podía hacer, a pesar del amplio y creciente descontento con la guerra y la creciente demanda popular de que Rusia saliera de la guerra.

En tales circunstancias, a base de fortalecer los lazos y raíces con los trabajadores explotados (proletarios) en los principales centros urbanos de Rusia—y como el nuevo gobierno burgués estaba cada vez más vulnerable (por las razones que señalamos aquí) y sectores de su ejército se pusieron del lado de la revolución—Lenin y los bolcheviques (comunistas rusos) pudieron dirigir insurrecciones populares que tumbaron al gobierno burgués y lo remplazaron con un estado proletario (gobierno soviético) muy rápidamente y con una lucha militar relativamente pequeña. Fue una revolución auténtica, en la que las masas participaron en una insurrección—y no un mero golpe de estado realizado por un puñado de conspiradores—, pero en las circunstancias que reinaban en Rusia en aquella época (que resumimos aquí brevemente, en algunos de sus aspectos esenciales), el gobierno burgués, cuyos cimientos eran débiles y cada día más podridos, en un sentido fundamental no pudo movilizar una fuerza significativa para suprimir la insurrección en las primeras etapas, y el viejo gobierno cayó relativamente fácil y rápidamente.

En resumen, se produjo una combinación excepcional de circunstancias que llevó a la victoria de esta Revolución de Octubre, en la forma de insurrecciones urbanas populares más o menos simultáneas.

Por supuesto, si un pueblo revolucionario y su dirección se encontraran en una situación muy parecida a la que se produjo en Rusia en 1917, entonces parecería tonto, y de hecho criminal, no aprovecharla para tumbar rápidamente al viejo orden podrido y establecer un nuevo poder revolucionario, muy posiblemente por medio de insurrecciones urbanas populares, como sucedió en Rusia. Pero es importante tener presente que sería poco probable que se volvieran a surgir circunstancias muy parecidas en un país imperialista, en particular en un país imperialista altamente desarrollado y poderoso. Además, es importante tener presente que, aunque esos sucesos de octubre de 1917 en Rusia llevaron a la victoria rápida de la revolución socialista, en la etapa muy inicial, después el nuevo gobierno revolucionario tuvo que librar una guerra civil de varios años contra las fuerzas reaccionarias reorganizadas, especialmente unos oficiales y soldados del viejo ejército reaccionario que contaban con el apoyo de varios países imperialistas, algunos de los cuales invadieron el territorio de la nueva república soviétiva en el curso de la guerra civil.

En pocas palabras, todo esto apunta a la conclusión de que, en el futuro, sería muy poco probable que las revoluciones en los países imperialistas salieran victoriosas, una vez que la lucha por el poder llegara a ser el orden del día, si intentaran seguir el curso de los levantamientos insurreccionales de la Revolución de Octubre en Rusia.

* Con respecto al “camino de octubre” en conjunto, hay unos aspectos esenciales que tienen vigencia todavía, y otros aspectos importantes que casi seguramente no la tendrían, y que no se podrían aplicar en una lucha victoriosa por el poder.

Lo que todavía tiene vigencia, en el sentido básico, es que el camino revolucionario en los países imperialistas requiere todo un período de trabajo político, ideológico y organizativo para preparar el terreno para el surgimiento, con el tiempo, de una crisis revolucionaria profunda y un pueblo revolucionario (preparar mentes y organizar fuerzas para la revolución, como lo dijo Lenin).

Nadie puede predecir, de antemano, precisamente cuánto tiempo duraría tal período (y, por supuesto, variaría de un país a otro). Pero, como subraya “Forjar otro camino” (y otras obras), el papel de los revolucionarios no es simplemente esperar, pasivamente, hasta que surja casi por arte de magia una situación revolucionaria, sino “acelerar mientras se aguarda” el desarrollo de tal situación. Tienen que llevar a cabo el trabajo ideológico y político general para repolarizar la sociedad, lo máximo posible, en una dirección que, desde el punto de vista estratégico, sea más favorable para la revolución y preparar las filas del pueblo en crecimiento, en la base de la sociedad y de otras capas, así como preparar el partido de vanguardia mismo, para cuando surja una situación revolucionaria.

Por otro lado, tal situación revolucionaria no es algo que los revolucionarios pueden “mandar surgir” por su voluntad o únicamente con sus esfuerzos. Como “Puntos esenciales” deja bien sentado, esto ocurre “por medio del desenvolvimiento de las contradicciones del sistema, así como del trabajo político e ideológico de los revolucionarios”. Por un lado, y esto es muy importante, sería incorrecto y en realidad dañino para la revolución, tener e imponer a la realidad una “fórmula” estereotipada de cómo se desarrolla una situación revolucionaria y de cómo es cuando surja. Por otro lado, es cierto que tal situación revolucionaria se caracterizará por ciertos rasgos y características específicos que no son fundamentalmente las impresiones subjetivas de la vanguardia revolucionaria, sino que son las expresiones objetivas de la profunda agudización de las contradicciones de la sociedad y del mundo entero.

Esto se relaciona al hecho de que, en términos básicos, los criterios que formuló Lenin, en el período de la Revolución Rusa, de lo que caracteriza una situación revolucionaria y de las condiciones necesarias y esenciales para librar una lucha para conquistar el poder en los países como Rusia (es decir, en términos generales, los países imperialistas) siguen siendo válidos y todavía se aplicarían. Lenin dijo que en una situación revolucionaria:

la clase dominante está enredada en una crisis profunda, entre cuyas características figuran serios conflictos en el seno de la clase dominante misma, así que cada vez más no puede gobernar como hasta entonces;

estas grietas y fisuras en el seno de la clase dominante ofrecen más posibilidades para que irrumpe la indignación suprimida de las masas populares y, por estas y otras razones, las masas no están dispuestas a vivir como hasta entonces sino que están dispuestas a cambiar la sociedad de una manera radical;

y, además de esto, existe un partido revolucionario que está forjando continuamente la influencia extensiva y los lazos amplios y profundos con cada vez más explotados y oprimidos, tanto como con todas las capas de la sociedad, para que sea capaz de dar una expresión más consciente, así como una forma y dirección organizadas, a la resolución de lo que son en realidad enormes cantidades de personas a hacer tal cambio radical.

Hablando de los países imperialistas, Lenin también identificó tres condiciones básicas que son necesarias para librar una lucha victoriosa por el poder:

1) Esta lucha, y en particular una lucha que encarna los objetivos comunistas, no se apoya únicamente en las acciones de un partido de vanguardia sino en una clase avanzada, que representa la base y el potencial para reestructurar la sociedad de una manera que resuelva las contradicciones sociales fundamentales en beneficio de los explotados y oprimidos, y a fin de cuentas que beneficie a la gran mayoría del pueblo. En el mundo actual, esta clase avanzada es el proletariado. Como clase, el proletariado representa los medios colectivos por medio de los cuales se realiza la vida económica básica y el funcionamiento de la sociedad; y encarna el potencial para apoderarse de los medios de producción—la tecnología, la tierra y las materias primas, etc.—que en sí son producto del trabajo colectivo, y transformarlos paso a paso en el recurso colectivo de la sociedad. (La tierra y las materias primas en sí son “productos de la naturaleza”, pero para hacerse parte del proceso de producir riqueza, de una forma u otra, hay que integrarlas a un sistema de producción y relaciones sociales humanos, y los seres humanos tienen que trabajar con ellas—cultivarlas, minarlas, etc.—, y de esa manera y por medio del proceso de producción en general se transforman. En la sociedad capitalista, sobre todo, eso ocurre por medio del trabajo colectivo en lo fundamental). Junto con eso, los intereses del proletariado, como clase, consisten en transformar y revolucionar todas las relaciones económicas y sociales, las estructuras e instituciones políticas, y los modos de pensar que corresponden, en el capitalismo, a la apropiación privada de la riqueza producida por medios sociales y la división de la sociedad en explotados y explotadores. Además, Lenin analizó que, con el desarrollo del capitalismo en un sistema mundial del imperialismo—y con la extrema explotación y saqueo por el imperialismo del tercer mundo—existe un sector de la clase obrera en los países imperialistas que está, en gran medida, sobornado del botín del imperialismo, y que es necesario que la revolución en los países imperialistas se apoye en los sectores del proletariado que están, en palabras de Lenin, “más abajo y más a lo hondo”, cuyas condiciones de vida corresponden a las de una clase que no tiene nada que perder más que las cadenas de explotación y opresión. El papel del partido de vanguardia comunista del proletariado es facilitar que esos proletarios, y gente de otras capas que busca un cambio social radical, se concienticen de los intereses revolucionarios del proletariado como clase y del papel especial de esos sectores que están “más abajo y más a lo hondo” como la base sólida sobre la cual descansa la revolución comunista.

2) La lucha revolucionaria por el poder debe apoyarse en un pueblo revolucionario: las masas populares no solo del proletariado sino también de otros sectores de los oprimidos y otras capas de la sociedad en general, quienes sean (en las palabras de “Puntos esenciales”) conscientes de la necesidad del cambio radical y resueltas a luchar por plasmarlo en realidad.

3) Hay que lanzar esa lucha revolucionaria por el poder en una situación en la que no solo no puede gobernar como hasta entonces la clase dominante, y las masas populares no pueden seguir viviendo como hasta entonces, sino también en la que cada vez más se haya demostrado que las fuerzas y los programas que representan la oposición débil, a medias, indecisa al viejo orden no son capaces de responder a las necesidades de la situación y las demandas de las millones de masas despiertas políticamente e inclinadas a la revolución.

Satisfacer esas tres condiciones, Lenin subrayó, representa una línea divisoria básica entre, por un lado, una auténtica lucha revolucionaria por el poder por parte de las masas populares, dirigida por una vanguardia comunista, y, por el otro, varias formas de lo que hoy se llama en general el “terrorismo”. En un sentido general, la caracterización de Lenin de las condiciones y los criterios de una situación revolucionaria y una lucha revolucionaria por el poder no solo siguen siendo válidos sino que todavía tienen una importancia decisiva, en particular en cuanto a los países imperialistas, no solo para distinguir entre la revolución auténtica y el “terrorismo”, sino también para establecer los cimientos básicos para reconocer, y aprovechar con éxito, una oportunidad revolucionaria, cuando surja.

Por otro lado, aun con una situación revolucionaria y un pueblo revolucionario—incluso en las circunstancias en que los criterios y condiciones básicos que describió Lenin (resumidos arriba)—lo que se requeriría, de parte de los revolucionarios en un país imperialista, para tener la posibilidad de ganar, sería librar una lucha más prolongada que la clase de insurrecciones populares que Lenin dirigió en Rusia en 1917. Requeriría una lucha que a lo mejor no duraría décadas sino que con toda probabilidad sí duraría años, y en la que casi seguramente sería necesaria que las fuerzas revolucionarias organizadas evitaran enfrentarse no solo con el poderío pleno de las fuerzas reaccionarias y su maquinaria de violencia organizada, sino también que evitaran, por un tiempo, las confrontaciones directas y más convencionales con las formaciones grandes, bien organizadas y todavía poderosas de esa fuerza reaccionaria.

Esta representa una diferencia básica y muy importante de la revolución de octubre de 1917 en Rusia y de ese aspecto del “camino de octubre”.

* Además de eso, sería probable que, en las primeras etapas de esta lucha prolongada, y por un tiempo, las fuerzas revolucionarias no establecieran un gobierno formal (lo cual, si existiera, tendría que satisfacer los objetivos que menciona la carta del lector, tales como defender y administrar un territorio definido). De hecho, establecer tal estado revolucionario sería la meta de esa lucha prolongada y se volvería posible en el momento, o con el acercamiento más o menos inmediato, de la derrota final y completa de las fuerzas reaccionarias y la victoria final y completa de la revolución.

Durante esa lucha revolucionaria más prolongada, las fuerzas del núcleo organizado de la revolución estarían “entrelazadas” con, y en un sentido fundamental amparadas y protegidas por, el pueblo revolucionario más amplio: las decenas y decenas de millones de personas atraídas a apoyar la revolución de varias maneras aunque, en un momento dado, muchas de ellas no serían parte de las principales fuerzas organizadas de la lucha revolucionaria. De esa manera, el núcleo de las fuerzas revolucionarias, como lo dijo Mao Tsetung, nadaría como peces en el mar de las masas del pueblo revolucionario.

Aquí hay algo importante que se puede aprender de una nueva percepción de un estratega imperialista, el general inglés Rupert Smith, autor del libro La utilidad de la fuerza. Como es común entre los que comparten el punto de vista de los imperialistas, Smith confunde las fuerzas revolucionarias auténticas con varios grupos “terroristas”, pero de todos modos esta observación de Smith es muy pertinente y cargada de significado en relación con una auténtica lucha revolucionaria por el poder, en las condiciones donde se podría librar tal lucha sobre una base correcta: una fuerza insurreccionista que “define los parámetros del conflicto” (Smith escribe) “como consecuencia ha presentado una fuerza y un poder alternativos”. (Smith, La utilidad de la fuerza)

* Previamente, se descartó la clase de concepción estratégica a la que se refiere aquí, o sea una lucha revolucionaria prolongada, porque se creía que no fuera posible librar y mantener una lucha prolongada en los países imperialistas urbanizados con un alto desarrollo tecnológico, aun cuando existieran una situación revolucionaria y un pueblo revolucionario. Por eso, es importante examinar más a fondo varios factores clave relacionados.

Está muy claro que, en tales países imperialistas con un alto desarrollo tecnológico, intentar lanzar tal lucha—o cualquier clase de guerra—sin y antes del surgimiento de una situación revolucionaria y un pueblo revolucionario llevaría a una terrible derrota para la revolución y a la desmoralización de las masas que ansíen un mundo radicalmente diferente y mejor. Cuando las masas populares se defienden contra las acciones infames de opresión y supresión violentas, esto es una cosa—y es algo que toda persona con un sentido de justicia defendería. Pero es otra cosa muy diferente—es incorrecto y muy dañino—intentar librar una lucha armada, con acciones ofensivas, en la forma de la “guerra de guerrillas urbana”, u otra concepción de la guerra, cuando todavía no hayan surgido ni una situación revolucionaria ni un pueblo revolucionario; una vez más, esto seguramente llevará a la derrota de los que traten de iniciar tal “estrategia” y dificultará el proceso de forjar un movimiento revolucionario de una manera que con el tiempo podría conquistar la victoria cuando surgiera la oportunidad.

¿Por qué están destinados a fracasar y a terminar en la ruina tales intentos? Entre las razones esenciales figuran:

En la ausencia de una situación revolucionaria y un pueblo revolucionario—en la ausencia de las condiciones y los criterios básicos resumidos arriba, tomados de Lenin, con respecto a una lucha por el poder en un país imperialista—los intentos de librar alguna clase de guerra revolucionaria en un país imperialista no se podrían apoyarse en las masas de oprimidos y explotados. No se podría poner en marcha una dinámica en la que cada vez más podrían ser y serían motivadas y movilizadas masas, de varias capas sociales, a no solo apoyar sino a participar activamente en tal lucha. Al contrario, habría una dinámica en la que las fuerzas que intentaran librar tal lucha se encontrarían cada vez más aisladas de las masas, obligadas a tomar una postura pasiva, expuestas al poderío concentrado del estado represivo—y derrotadas, probablemente con mucha rapidez y sin duda decisivamente.

Especialmente en los países imperialistas donde las masas populares más explotadas y oprimidas representan un sector importante de la sociedad pero no la mayoría; y donde hay grandes capas medias cuya situación, “en los tiempos normales”, no se caracteriza por la clase de desesperación e indignación que caracteriza la vida de los del fondo de la sociedad; en tales circunstancias, intentar iniciar una lucha revolucionaria por el poder cuando todavía no hay una aguda crisis revolucionaria en la sociedad, y no se ha puesto en duda en un sentido fundamental, tanto el derecho como la capacidad de la clase dominante de gobernar entre sectores muy grandes de la población, de diferentes capas sociales; todo esto llevaría, en tales condiciones, a una situación en la que la clase dominante podría seguir polarizando la sociedad de una manera más favorable a sí misma, y las fuerzas revolucionarias, en el mejor de los casos, tendrían apoyo de unos sectores de la sociedad que se encontrarían, en efecto, rodeados y suprimidos—e incluso en el caso de esos sectores del pueblo, la lucha revolucionaria perdería apoyo, ya que esas masas sufrirían cada vez más represión terrible y violencia destructiva a manos de la clase dominante, mientras que la lucha revolucionaria cada vez más perdería el ímpetu y la iniciativa y las fuerzas revolucionarias se encontrarían cada vez más acorraladas, restringidas y pulverizadas.

En un país imperialista, solo con el desarrollo de una crisis revolucionaria aguda, que afectara toda la sociedad de una manera profunda, y con el surgimiento de un pueblo revolucionario—una fuerza de gente consciente de la necesidad del cambio revolucionario y resuelta a luchar por plasmarlo en realidad, una fuerza de millones de personas y que tuviera su base sólida en los más explotados y oprimidos, pero también contara con gente de todas las capas populares—solo en una situación así podría surgir la posibilidad de lograr, por medio de una lucha prolongada por el poder, una dinámica por lo general favorable para el lado revolucionario y una polarización de la sociedad que en su totalidad también sería cada vez más favorable para la revolución.

Por estas razones “Puntos esenciales” subraya que, en un país como Estados Unidos:

“Sin tal situación revolucionaria—y en contraposición a la orientación revolucionaria y el trabajo político e ideológico revolucionario necesario—, iniciar o propugnar acciones violentas aisladas, de individuos o pequeños grupos divorciados de las masas, que intentan sustituirse por un movimiento revolucionario de las masas, es totalmente incorrecto y supremamente dañino. Incluso—o especialmente—si esto se hace en nombre de ‘la revolución’, irá contra y de hecho perjudicará el desarrollo de un auténtico movimiento revolucionario de las masas, y el desarrollo de resistencia política a las infamias e injusticias de este sistema antes de que surja una situación revolucionaria. Coadyuvará a las medidas de las fuerzas altamente represivas del sistema existente para aislar, atacar y aplastar a las fuerzas revolucionarias y las fuerzas de la oposición política general que tratan de forjar una resistencia política masiva y lograr cambios sociales importantes y profundos por medio de la actividad e iniciativa política consciente de las masas”.

La reexaminación de la situación con nuevas perspectivas y percepciones teóricas ha confirmado aún más el hecho de que iniciar la clase de lucha prolongada descrita aquí antes de que hubieran surgido una situación revolucionaria y un pueblo revolucionario conduciría a la derrota y a la ruina. Pero por otro lado, ha apuntado a la conclusión de que con tal situación revolucionaria y pueblo revolucionario, sería muy probablemente necesario, y podría ser posible, librar tal lucha prolongada, y de hecho sería casi seguramente el único medio por el cual el pueblo revolucionario podría ganar.

* Una característica particular y singular de una situación en la que sería posible, y correcto, que las fuerzas revolucionarias iniciaran una lucha prolongada así, sería que la violencia represiva y reaccionaria del actual estado y de sus instituciones hubieran perdido legitimidad—hubiera llegado a verse como violencia injusta e ilegítima—a los ojos de muchísimos sectores de la sociedad. Esto es uno de los signos clave del surgimiento de una situación revolucionaria y una de las bases clave para el surgimiento de un pueblo revolucionario. La respuesta de las fuerzas revolucionarias a esta violencia represiva reaccionaria en tal situación—al comienzo de la lucha revolucionaria prolongada—sería de tal naturaleza y tendría rasgos específicos que dejarían bien sentado que una autoridad diferente—una autoridad revolucionaria que una gran y creciente cantidad de personas reconocerían como legítima y justa—ahora existiera en contienda de una manera seria y general en el sentido estratégico contra la vieja autoridad reaccionaria; y que, mientras no se presentara a las fuerzas reaccionarias de tal manera que les permitiera pulverizarla y destruirla, esa autoridad revolucionaria lucharía con la meta estratégica de establecer una nueva forma de poder político en la sociedad que prepararía el terreno para crear nuevas relaciones económicas, sociales y políticas, libres de explotación y opresión.

El hecho de que las metas estratégicas de tales fuerzas revolucionarias dirigidas por los comunistas—la meta de acabar para siempre con todas las relaciones explotadoras y opresivas—se expresaría en la doctrina y principios, los métodos y medios de lucha de esas fuerzas revolucionarias, como el papel activo y cada vez más desencadenado de la mujer en la lucha y en todos los niveles de las fuerzas revolucionarias organizadas; en el curso de esa lucha prolongada, esto arrojaría una luz cada vez más en la diferencia fundamental entre tales fuerzas revolucionarias y los varios reaccionarios que se les opondrían y que buscarían aplastar la revolución.

* En esa orientación global, mientras la vieja clase dominante y las fuerzas del viejo orden buscarían aterrorizar al pueblo para disuadirlo de apoyar la revolución y tratarían de aislar y aplastar el núcleo de las fuerzas organizadas de la revolución, esas fuerzas revolucionarias una vez más serían como peces en el mar, en medio de las enormes y crecientes filas del pueblo revolucionario. Las acciones brutas y la destrucción gratuita que llevarían a cabo los imperialistas, y los reaccionarios aliados con ellos, en el curso de la lucha, desenmascararían más profundamente su naturaleza y atraerían a cada vez más masas a la causa revolucionaria, especialmente en la medida que los revolucionarios llevaran a cabo sus operaciones de tal manera que (para una vez más utilizar las palabras de Rupert Smith) “definieran los parámetros” del conflicto y frustraran los esfuerzos de los imperialistas y reaccionarios de atraer a las fuerzas revolucionarias a situaciones en que se las podría pulverizar y destruir.

Para apropiarse de otra formulación de Rupert Smith, esto requeriría que las fuerzas revolucionarias actuaran de tal manera que quedaran, a lo mínimo durante la mayor parte de la lucha prolongada, “debajo del umbral de la utilidad de la fuerza” de los imperialistas. Smith señala que en la guerra, de cualquier tipo, lo que es importante no es la fuerza de las partes opuestas, en el sentido absoluto, sino la fuerza que cada parte pueda utilizar para su beneficio en la contienda con su adversario; eso es lo que quiere decir con “la utilidad de la fuerza”. (Por ejemplo, puede ser que un lado de un conflicto tenga armas nucleares, pero si no puede utilizarlas en el conflicto, pues esas armas no tienen la utilidad de la fuerza). No es que los imperialistas vacilarían al momento de desatar la fuerza destructiva terrible contra los revolucionarios y las masas populares que los apoyaran—en vista de su naturaleza reaccionaria, sería necesario tener en cuenta que los imperialistas lo harían—pero el factor decisivo sería si, por medio de hacerlo, los imperialistas podrían aislar y destruir a las fuerzas organizadas de la revolución; o si, por el contrario, esas acciones bárbaras de los imperialistas prenderían el odio de cada vez mayores cantidades de personas, fortalecerían la resolución de los que ya apoyaran el lado revolucionario y atraerían a más sectores del pueblo a simpatizar con, y apoyar activamente, la causa revolucionaria.

Además, hay que contar con que los imperialistas, como un elemento crucial de su orientación estratégica, buscarían atacar y eliminar a los que identificaran como la dirección de la revolución, conforme a la doctrina de “decapitación” a la que recurren generalmente los imperialistas y las fuerzas reaccionarias. Ante esto, el lado revolucionario tendría que combinar correcta y hábilmente la centralización, en lo ideológico y en la orientación estratégica, con un alto grado de descentralización, en lo organizativo y en las tácticas, y la iniciativa en los niveles locales y básicos. Sería necesario combinar una lucha resuelta para defender y proteger a la dirección, y derrotar los conatos de “decapitación”, con una orientación doctrinal y esfuerzos prácticos para desarollar, entrenar y dar iniciativa continuamente a los nuevos dirigentes. En todo esto, sería importante que el lado revolucionario aplicara el principio de “núcleo sólido, con mucha elasticidad”.

La caracterización de Smith de las fuerzas insurgentes que luchan “debajo del umbral de la utilidad de la fuerza” de su adversario, representa una reformulación, desde el punto de vista de los imperialistas, de unos principios básicos de la guerra desarrollados por Mao Tsetung en el curso de la guerra popular prolongada en China; y en particular, es una reformulación del principio, que Mao subrayó, de que las fuerzas revolucionarias tienen que evitar los enfrentamientos estratégicos, que tendrían un impacto decisivo en el resultado de la guerra en su totalidad, hasta el momento en que se podría librar tales enfrentamientos en beneficio de las fuerzas revolucionarias y para acelerar su victoria final. Este es un principio básico que las fuerzas revolucionarias tendrían que tener plenamente presente y que tendrían que aplicar correctamente a las circunstancias específicas; si no lo hicieran caso, la causa revolucionaria correría mucho peligro.

* Los principales objetivos de los revolucionarios, al librar la clase de lucha prolongada descrita aquí, en una situación que permitiría librar tal lucha, serían: atraer a aun mayores cantidades de personas, por medio de la confrontación y el contraste vivo entre las dos autoridades radicalmente diferentes, y al mismo tiempo frustrar, desintegrar y desmoralizar a las fuerzas imperialistas y reaccionarias—que buscarían reimponer y reforzar por medios violentos el viejo orden y las viejas relaciones de explotación, opresión y dominación—y a fin de cuentas derrotar a esas fuerzas reaccionarias. En el curso de esto, las fuerzas revolucionarias emprenderían una línea de acción resuelta y concebida estratégicamente, caracterizada por luchas calibradas contra las fuerzas reaccionarias, en que los revolucionarios se esforzarían por conquistar cada vez más iniciativa sin entrar prematuramente a enfrentamientos que correrían el riesgo estratégico de la derrota decisiva y el diezmamiento. Y, con respecto a los efectivos de las fuerzas reaccionarias, especialmente los que vinieran de los oprimidos y explotados de la sociedad, y cuyos intereses objetivos correspondieran fundamentalmente a la revolución, los revolucionarios seguirían exhortándolos políticamente a cambiar al lado de la revolución.

* Por fin, cuando se hubieran creado las condiciones necesarias por medio de toda esta lucha intensa pero también prolongada, las fuerzas revolucionarias se enfrentarían con el desafío, y tendrían la posibilidad, de derrotar decisivamente a las fuerzas violentas del imperialismo y la contrarrevolución que quedaran. Pero incluso en ese punto, las fuerzas revolucionarias probablemente tendrían que evitar confrontaciones con los elementos reaccionarios especialmente “duros” muy temprano, especialmente en situaciones y condiciones que todavía les serían favorables, como la clase de choques entre las fuerzas concentradas que han sido comunes en las guerras entre ejércitos con armas de alta tecnología (por ejemplo, en las dos guerras mundiales del siglo XX) o la clase de batallas unilaterales que Estados Unidos libró contra las fuerzas regulares del gobierno de Saddam Hussein en las guerras contra Irak, en 1991 y otra vez en el 2003. En cambio, incluso durante la última etapa, y en particular al comienzo de esa etapa, es muy posible que las fuerzas revolucionarias necesitaran combinar varios estratagemas para aislar y desintegrar más a esos elementos reaccionarios “duros” y sentar la base para trabar batalla con lo que quedaría de las fuerzas reaccionarias y derrotarlas total y decisivamente, una vez que se las hubieran debilitado suficientemente.

Todo esto sería radicalmente diferente, en filosofía guía, objetivos y métodos, de lo que se considera generalmente las estrategias “terroristas”—que constan de acciones aisladas de las masas populares y/o que apuntan el fuego a las fuerzas no combatientes y utilizan medios y métodos que buscan aterrorizar con la fuerza a la población, o a sectores de la población, y obligarlos a aceptar las metas de los que practican esa clase de violencia—, y en general sería radicalmente diferente de las metas, orientaciones y métodos reaccionarios de las fuerzas anticuadas históricamente, lo que sin duda incluye a los imperialistas mismos.

**********

Estos son los elementos básicos de la conceptualización—y, en aspectos significativos, de la reconceptualización—con respecto al tema de la posibilidad de la revolución. Por supuesto, durante todo un período de tiempo, antes de que haya una situación revolucionaria y un pueblo revolucionario, queda la necesidad de seguir elaborando un conocimiento más profundo y más exhaustivo de las dinámicas de la revolución en general y de la lucha revolucionaria por el poder una vez que hubieran surgido las condiciones necesarias.

En conclusión, para responder al interrogante fundamental que plantea la carta de un lector: sí, la revolución es posible. Sí, hasta en los países imperialistas más poderosos, en los bastiones del dominio reaccionario y opresivo por todo el mundo, la revolución podría prevalecer, podría plasmar en realidad una sociedad radicalmente diferente y mucho mejor, y podría hacer una gran contribución a lograr un mundo radicalmente diferente y mucho mejor—si la guiaran una orientación, un enfoque y unos métodos serios y científicos—si el trabajo revolucionario se emprendiera correctamente, en el período antes de que surgieran una situación revolucionaria y un pueblo revolucionario, y si la teoría y la concepción estratégica correctas guiaran la lucha revolucionaria una vez que se hubiese dado el salto a una situación revolucionaria y se hubiese surgido un pueblo revolucionario, de millones y millones, consciente de la necesidad del cambio revolucionario y resuelto a luchar por plasmarlo en realidad.

Revolución #102, 23 de septiembre de 2007


Número actual  |   Números Anteriores  |   Bob Avakian  |   PCR  |   Temas  |   Comunícate
¡Dona a la campaña para recaudar $500,000!
Noticias y recursos de la campaña para recaudar fondos

Puntos esenciales de orientación revolucionaria—en oposición a los alardes y poses infantiles y las tergiversaciones de la revolución

La revolución es un asunto sumamente serio y hay que abordarla de manera seria y científica, y no con expresiones subjetivas e individualistas de frustración, alardes, poses y acciones que van en contra del desarrollo de un movimiento revolucionario de masas cuya meta es un mundo radicalmente diferente y mucho mejor, y cuyos medios coinciden fundamentalmente con esa meta y sirven para plasmarla en realidad. La revolución, y especialmente la revolución comunista, es y tiene que ser la acción de las masas populares, organizadas y dirigidas para librar una lucha cada vez más consciente para abolir todos los sistemas y las relaciones de explotación y opresión, y llevar a la humanidad a trascenderlas.

Un concepto científico esencial del desarrollo de tal movimiento revolucionario es:

Este sistema se basa en la explotación, aquí y por todo el mundo. Carece completamente de valor y nada podrá mejorar fundamentalmente hasta derrocarlo.

Y que:

En un país como Estados Unidos, solo se puede hacer una revolución para tumbar este sistema cuando se dé un cambio mayor y cualitativo en la situación objetiva, de modo que toda la sociedad esté en una profunda crisis, debido fundamentalmente a la naturaleza y al funcionamiento del sistema, y cuando junto con eso surja un pueblo revolucionario, de millones y millones de personas, consciente de la necesidad de un cambio revolucionario y resuelto a luchar por él. En tal lucha, el pueblo revolucionario y quienes lo dirigen tendrán que enfrentar la fuerza represiva violenta de la maquinaria del estado que encarna e impone el sistema de explotación y opresión, y para triunfar, la lucha revolucionaria tendrá que enfrentar y derrotar esa fuerza represiva violenta del viejo orden de explotación y opresión.

Antes del desarrollo de una situación revolucionaria—y como la clave para hacer surgir un pueblo revolucionario en un país como Estados Unidos—, quienes ven la necesidad de una revolución y quieren contribuir a ella tienen que concentrar sus esfuerzos en elevar la conciencia política e ideológica de las masas y en forjar una gran resistencia política a las principales maneras en las que la naturaleza explotadora y opresiva de este sistema se concentra en las medidas y acciones de la clase dominante y sus instituciones y dependencias—todo esto con el objetivo de habilitar a más y más gente a captar la necesidad y la posibilidad de la revolución, cuando surjan las condiciones necesarias por medio del desenvolvimiento de las contradicciones del sistema, así como del trabajo político e ideológico de los revolucionarios.

Sin tal situación revolucionaria—y en contraposición a la orientación revolucionaria y el trabajo político e ideológico revolucionario necesario—, iniciar o propugnar acciones violentas aisladas, de individuos o pequeños grupos divorciados de las masas, que intentan sustituirse por un movimiento revolucionario de las masas, es totalmente incorrecto y supremamente dañino. Incluso —o especialmente—si esto se hace en nombre de “la revolución”, irá contra y de hecho perjudicará el desarrollo de un auténtico movimiento revolucionario de las masas, y el desarrollo de resistencia política a las infamias e injusticias de este sistema antes de que surja una situación revolucionaria. Coadyuvará a las medidas de las fuerzas altamente represivas del sistema existente para aislar, atacar y aplastar a las fuerzas revolucionarias y las fuerzas de la oposición política general que tratan de forjar una resistencia política masiva y lograr cambios sociales importantes y profundos por medio de la actividad e iniciativa política consciente de las masas.

Revolución #102, 23 de septiembre de 2007


Número actual  |   Números Anteriores  |   Bob Avakian  |   PCR  |   Temas  |   Comunícate
¡Dona a la campaña para recaudar $500,000!
Noticias y recursos de la campaña para recaudar fondos

Esclavitud del siglo 21 en el capitalismo globalizado

SE CALCULA QUE HOY EN DÍA 27 MILLONES DE PERSONAS TRABAJAN SIN PAGO ALGUNO—COMO ESCLAVOS MODERNOS—en África, Asia y Latinoamérica.

Hay compra y venta de mujeres en el tráfico de esclavos sexuales. Los contratados trabajan sin pago ni derechos para saldar sus deudas. Los niños trabajan sin pago y se los venden como esclavos sexuales.

Si tus pertenencias pudieran hablar…muchas, como la ropa, el carro, la comida, las alfombras…te dirían que son producto de la mano de obra de esclavos modernos.

*****

La industria pesquera del lago Volta en Ghana. Los niños, unos de tres años de edad, remiendan, tienden y jalan las redes y limpian pescados. Las atan con pesos para que desciendan más rápidamente a la profundidad del lago para separar las redes enganchadas. Buena parte de la pesca se lleva a cabo a la noche y, en la oscuridad de la profundidad, los niños se enredan en las redes y se ahogan. La corriente arroja los cadáveres a la orilla del lago. A los que sobreviven les da poco de comer. Dos muchachos dijeron que una vez que comieron unos pescados el amo les pegó con un bastón.

Fábricas de ladrillos de Pakistán . Atraen a familias enteras con la promesa de buenos sueldos, pero terminan atrapadas en la servidumbre, trabajando sin remuneración para pagar las deudas. Guardias armados castigan severamente al trabajador desobediente. Un hombre de 30 años lleva las cicatrices, frescas y viejas, de ese tratamiento. Una vez lo golpearon hasta perder el conocimiento y luego lo encerraron en una pequeña choza. A los tres días lo sacaron y con una soga lo colgaron patas arriba frente a los demás trabajadores, y lo golpearon más.

Un pueblo minero del Amazonas. El oro de aquí va a los bancos más grandes del mundo. Wilma Huamani Sacsi llora cuando piensa en su hijito Luis Alberto, que ni siquiera cumplió dos años. Al igual que los demás trabajadores, vivía en pésimas condiciones sanitarias y con poca comida. Cuando una infección renal le hinchó la panza, Wilma le pidió dinero al patrón para llevarlo a una clínica. Pero el patrón lo mandó regresar al trabajo. Wilma, con el niño en brazos, fue a pie a la clínica más cercana, una distancia de más de 22 kilómetros. Un médico le dijo que tenía que llevarle al niño al hospital. Wilma mendigaba por las calles para conseguir el pasaje, pero cuando por fin juntó el dinero, Luis ya estaba muerto.

¿QUÉ CLASE DE SISTEMA PRODUCE TALES HORRORES?

UN SISTEMA CAPITALISTA-IMPERIALISTA EN EL QUE LOS DUEÑOS DE LAS MERCANCÍAS SIEMPRE BUSCARÁN LA MANERA MÁS RENTABLE DE PRODUCIRLAS. Y el trabajo de esclavos—de no tener que pagar a los trabajadores—es MUY RENTABLE.

A lo largo del Amazonas brasileño, miles de trabajadores esclavizados queman pedazos de madera dura para hacer carbón. Se recluta a gente desesperada de las ciudades empobrecidas con la promesa de trabajos y sueldos. Pero esa gente termina en la selva, trabajando sin pago ni derechos a miles de kilómetros de distancia en la selva, endeudados para siempre por las cosas compradas en la tienda de la compañía: la comida, la ropa y las provisiones, hasta las herramientas, las botas y los guantes necesarios para el trabajo.

Esos esclavos trabajan en temperaturas que superan los 95 grados, y sufren de paludismo y tos crónica. Viven en chozas hechas de plástico en planchas. Les dan carne rancia para comer. El agua que les dan está contaminada. Las letrinas son puros hoyos en la tierra. Como están selva adentro, es imposible salir si uno quiere. No tienen dinero para viajar, y los guardias armados los amenazan si intentan hacerlo.

El carbón se usa para hacer hierro en bruto, un componente básico del acero. Agentes de las compañías de acero y las fundiciones compran el hierro. Luego lo compran las compañías más grandes del mundo—como la corporación Nucor, la segunda compañía de acero de Estados Unidos, así como compañías automotrices como Ford, General Motors, Nissan y Toyota, y fabricantes de electro-domésticos como Whirlpool y Kohler.

LAS FORMAS DE TRABAJO MÁS PRIMITIVAS Y BÁRBARAS BENEFICIAN LOS INTERESES DE LAS CORPORACIONES CAPITALISTAS MÁS GRANDES Y MODERNAS DE ESTADOS UNIDOS Y EL MUNDO, impulsadas por la necesidad de maximizar sus ganancias y aventajarse en la competencia carnívora con otros capitalistas.

El gobierno brasileño hace redadas en los campamentos esclavistas y libera a la gente. Pero mientras Brasil siga subordinado al imperialismo, no puede resistir la lógica del capital. No importan cuántos campamentos de trabajadores esclavos cierre, s