Revolución #76, 14 de enero de 2007
Historia falsa, ideas retrógradas y objetivos malos en la “Conferencia sobre el Holocausto” en Irán
El Holocausto ocurrió antes de y durante la II Guerra Mundial entre los países imperialistas, cuando el gobierno nazi de Adolfo Hitler perpetró actos horrorosos de matanza en Alemania y otros países. Los nazis empezaron deteniendo a los comunistas y siguieron con los judíos, los sindicalistas, los roma (también conocidos como “gitanos”), los homosexuales y otros. A la medida que las tropas de Hitler invadieron otros países, los polacos, los eslavos, los rusos y otros fueron víctimas de la máquina de la muerte nazi. Al final de la guerra, quedaron muertos seis millones de judíos y millones de otros en pogromos y masacres, y en los tristemente famosos campos de exterminio como Auschwitz, Treblinka y Sobibor.
El Holocausto es uno de los crímenes más horrendos de toda la historia humana.
Hace poco la República Islámica de Irán patrocinó una conferencia internacional que en sí fue indignante y sumamente reaccionaria, pues propuso negar el hecho histórico del Holocausto. El presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, proclamó ante la conferencia que “han inventado un mito de que masacraron a los judíos”.
Es cierto que los imperialistas estadounidenses y el gobierno israelí han tergiversado la realidad y el significado del Holocausto para justificar la tremenda injusticia contra el pueblo palestino: el robo masivo de sus tierras para establecer el estado colono de Israel en 1948 y la opresión de los palestinos en condiciones crueles de apartheid. Han manipulado hipócritamente la historia del Holocausto para tapar y justificar el papel de Israel como perro de ataque de Estados Unidos en esa región e incluso en regiones lejanas. Esta hipocresía es sumamente repugnante: Estados Unidos e Inglaterra se negaron a bombardear las vías férreas sobre las cuales llevaron el gas tóxico a Auschwitz, y en los años 30 los líderes sionistas recomendaban a los judíos europeos no armar resistencia sino huir a Palestina.
Sin embargo, cuando Ahmadinejad y otros fundamentalistas islámicos niegan el Holocausto lo hacen desde un polo opuesto de ideología y política reaccionarias, y no representa absolutamente nada positivo ni liberador para las masas populares. Basta con mencionar uno de los invitados especiales de la conferencia: David Duke, que era líder del Ku Klux Klan y legislador estatal de Louisiana. Duke es parte de toda esa historia salvaje de linchamientos y de la realidad actual de supremacía blanca en Estados Unidos. No cabe duda de que hay profundas corrientes de fascismo, fundamentalismo religioso y antisemitismo que hacen que gente de la índole de Duke y Ahmadinejad se atraigan.
Para promover la idea de que el Holocausto es un mito, a pesar de la enorme cantidad de datos históricos comprobados, Ahmadinejad y los gobernantes teocráticos de Irán se basan en una epistemología totalmente anticientífica (la epistemología abarca la naturaleza de la verdad y cómo se adquiere el conocimiento). Según su visión del mundo, no se busca la verdad en la realidad tal como es, sino adhiriéndose con absolutismo a los textos religiosos. (Los fundamentalistas cristianos comparten la misma epistemología de ignorancia rígida e intencionada). Por otro lado, aceptan los datos que les son útiles, y por tanto los gobernantes teocráticos de Irán han desarrollado la tecnología a tal punto que quizás tengan la capacidad de construir armas nucleares.
Las masas populares de Irán sufren la pesadilla que resulta cuando esta visión del mundo gobierna la sociedad: una teocracia donde las leyes y reglas medievales controlan todo aspecto de la vida política y social… donde, por ejemplo, castigan con latigazos o a pedradas a las mujeres que encuentran sin velo.
La conferencia es parte de la visión del gobierno islámico de promoverse como gran potencia en el Medio Oriente y aumentar su influencia sobre varios grupos y entre las masas populares de la región. Busca autoridad moral entre los palestinos y otros que oponen resistencia a la ocupación israelí de Palestina, no para apoyar una auténtica lucha contra el imperialismo y la ocupación sino para fomentar sus propios fines reaccionarios en oposición a Estados Unidos. Esas maniobras y ambiciones los llevan cada vez más hacia un choque con las maniobras y ambiciones de los imperialistas estadounidenses para transformar radicalmente el Medio Oriente en aras de sus propias metas imperialistas.
Tanto la manipulación cínica del legado del Holocausto por Estados Unidos e Israel, por un lado, como la ultrajante negación del Holocausto por el gobierno fundamentalista de Irán, por el otro, representan la tergiversación de la historia con fines reaccionarios. No corresponde a los intereses de las amplias masas apoyar ninguno de los dos lados; lo que le corresponde es rechazarlos por igual, porque si uno quiere cambiar el mundo en beneficio de la humanidad, la verdad no solo importa sino que es esencial.



